Al Maestro en el recuerdo

Roberto De Vicenzo

Ya hace un año que se nos fue Roberto. Si, parece mentira, ¿no?
Fue aquel mediodía del primero de junio de 2017 en que nos conmovimos con esa noticia que jamás hubiéramos querido escuchar.
Se fue el Maestro De Vicenzo con la misma paz de la que gozó en vida.
Una vida sin estridencias ni flashes indiscretos.
Una vida tan transparente como esa sonrisa cómplice de chico bueno que nos regaló siempre. Aún ante el paso del tiempo.

El entrañable “spaghetti” que con su uniforme de marinero conquistó su primer Abierto Argentino, hasta ese hombre maduro y profundamente agradecido por haber podido besar la copa tan ansiada en el Open Británico, Roberto resultó siempre inalterable. De una sola pieza, como decían varias décadas atrás nuestras abuelas.
Tan inalterable que soportó con estoicismo la tremenda frustración en el Masters de Augusta.
Y recibió con una conmovedora humildad sus dos consagraciones como campeón mundial individual en las copas jugadas en el Jockey Club.

Pero, ¿se fue Roberto, realmente?
No, claro que no. Sólo su cuerpo físico nos abandonó.
Está presente en todo momento. En sus sabias reflexiones, en su generoso apego a las normas. En su austeridad proverbial. En la mirada tan tierna como la de un chico, y tan sostenida como la de un hombre.
Cuántos desafíos estará jugando con Fidel (De Luca) y cuantas risas estará compartiendo con el gran Cacho Ruíz.
Y, también cuántos cronistas del cielo se lucirán en sus textos narrando toda su magia.

Gracias, Maestro. Hasta cualquier vuelta de golf.

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