El golf, una escuela de vida con mucha historia

 

Aquellos ingleses que surcaron el vasto territorio argentino sembrando a su paso el progreso que representaba la llegada del ferrocarril al país, también trajeron desde la lejana Europa la práctica del golf.
Varios de ellos le supieron transmitir al criollo Juan Dentone (el primer profesional de golf autóctono que hubo por estas tierras) el arte que intentaba, a través de un movimiento corporal bastante complejo, llamado swing, pegarle a una pelotita inmóvil.
Primero formaron al jugador, y luego al maestro capaz de diseñar maravillosos campos de golf.
Muy pronto esos robustos escoceses de gruesos bigotes e inmensa vocación docente comprobaron que había excelente materia prima en estas pampas.
Fue el gran José Jurado (uno de los campos de golf de la ciudad de Buenos Aires lleva su nombre) quien en la mismísima Escocia  cautivó al público. Esto tuvo lugar en el trazado de Carnoustie, en donde Jurado escoltó al ganador del Open Británico, el torneo más antiguo del mundo, después de haber liderado durante tres jornadas la magna competencia. A comienzos de los años treinta.
Él mismo tomó la iniciativa junto con otros grandes colegas de la época para crear en 1932 la Asociación Argentina de Profesionales de Golf (desde hace años cambió su sigla por Profesionales de Golf de Argentina) aprovechando todo el conocimiento recogido en sus giras por el Reino Unido.
Desde las entrañas de los clubes pioneros como Lomas, San Andrés, Golf Club Argentino, Rosario Golf, Mar del Plata Golf Club, entre otros, surgieron los grandes maestros que enseñaron a jugar golf a los argentinos, primero, y al resto del continente después.
La época dorada (subtítulo)
Así se la pueda calificar porque promediando la mitad de la década del cuarenta, surgió la figura de quien sería con el correr de los años, el mejor jugador argentino y sudamericano.
La referencia es para el Maestro Roberto De Vicenzo, quien junto a Emilio Serra, Enrique Bertolino y Martín Pose, animaron los grandes torneos e hicieron que más personas se acercaran al golf.
Mientras De Vicenzo deslumbrara al mundo con su juego, y presidentes, reyes y príncipes adoraban jugar un partido con él, los clubes en la Argentina, a través de los grandes profesores, fueron hacedores de una pléyade de enormes jugadores.
Los ingleses, además de enseñar el juego, también inculcaron la disciplina y las rigurosas normas de etiqueta, que todo golfista que se precie de tal debe conservar en una cancha.
Con este espíritu los maestros argentinos enseñaron a muchas generaciones.
La legendaria escuela escocesa resultó el libro de oro para todos ellos.
Basados en esa enseñanza los hermanos Blasi, Ansaldo, De Luca, Soto, sumado a instructores notables como el “Moro” Aurelio Castañón, Pedro Churio y Elcido Nari, inculcaban a sus discípulos el swing clásico. Tan elegante como efectivo.
Era la época en donde los clubes permitían también jugar golf a sus caddies y empleados
Estos Maestros han sido formadores de individuos íntegros preparados para la vida. Y no tan sólo para pegarle con destreza a una pelota de golf.
En la actualidad, el profesional moderno supo ganarse un lugar de preponderancia en el inmenso universo que propone este deporte.
A los grandes jugadores que admiramos frente a la pantalla del televisor, hay que sumarles a otros colegas que día a día también hacen su aporte para atraer más personas al golf.
Los instructores, diseñadores de canchas, y aquellos que gerencian clubes, por ejemplo, se prepararon y continúan preparándose, con el apoyo de la tecnología, con el propósito de brindar al alumno o aspirante el mejor servicio.
Todos estos temas los iremos desgranando en próximas entregas.
Como anticipo podemos dejar una frase tan cierta como contundente: todos pueden jugar golf. Aún la persona menos hábil tendrá la ocasión de divertirse y disfrutar del deporte, que más creció geométricamente en el mundo en las últimas tres décadas.

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