EL DÍA DEL MAESTRO

Cuántas sensaciones nos invade cada vez que escuchamos la palabra: ¡MAESTRO!

Porque sin entrar en definiciones académicas o de alto contenido filosófico, o involucrarnos en disquisiciones aburridas y en ocasiones alejadas del auténtico sentir de las personas, el vocablo nos remite invariablemente a ese ser que nos enseñó un rumbo; aquel que predicó con el ejemplo. Que aun penetrado por los errores y desaciertos que solemos tener los seres humanos, se supo sobreponer a las miserias del alma. Hasta ser ejemplo.

Siempre hubo en la vida de todos, por más ajetreada que esta haya sido, un Maestro. Y poco importa si el reconocimiento a sus enseñanzas lo hayamos descubierto en nuestra madurez. Lo trascendente es que temprano o tarde llegara el reconocimiento sincero y cabal a tanto esfuerzo del querer hacer por el otro.

Eso es un Maestro: Alguien que está dispuesto a hacer por el otro. Desde un claustro, en un taller, en una fábrica o donde sea.

Nuestro querido golf sigue conservando el suyo: El Maestro De Vicenzo. Por suerte pudimos atesorar sus enseñanzas y el alto grado de compromiso que tuvo con el deporte y con la vida misma.

Él supo predicar con el ejemplo; supo sobreponerse a un destino repleto de obstáculos. Hasta llegar a lo más alto.

A punto tal de trascender a su propia muerte.

Eso también es ser un Maestro. Alguien con la capacidad de trascender. Nuestro amado Roberto, lo consiguió.

Para él, y para todos los Maestros de la tierra.

¡Muy Feliz Día!

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